Cada año nos escriben decenas de personas con la misma frase al principio del correo: «no sé cuál Camino elegir». Y no es una duda tonta, porque no hay una sola ruta hacia Santiago, sino una red entera de rutas del Camino de Santiago que converge desde distintos puntos de España, Portugal y Francia, y cada una se camina de forma distinta.
La confusión suele venir de comparar nombres sin entender qué hay detrás de cada uno. Francés, Portugués, Inglés, Primitivo, Norte: suenan casi a categorías de un mapa turístico, pero en la práctica son experiencias bastante distintas entre sí, con su propio terreno, su propio ritmo de peregrinos y su propia forma de llegar a Santiago. Elegir bien desde el principio evita el problema más habitual: apuntarse a una ruta por el nombre y descubrir a mitad de etapa que no era lo que esperaba.
¿Cuál es la mejor ruta si es la primera vez que hace el Camino?
Si es la primera vez, el Camino Francés sigue siendo la opción con la que más gente empieza, y no por casualidad. Tiene la infraestructura más consolidada de todas las rutas: albergues cada pocos kilómetros, señalización constante y un ambiente donde es fácil hacer amigos en la primera etapa y seguir viéndolos hasta Santiago. Muchos primerizos hacen el tramo desde Sarria, que cubre los últimos cien kilómetros necesarios para la Compostela, aunque quien tiene más tiempo también empieza en Saint-Jean-Pied-de-Port y cruza los Pirineos el primer día, algo que se recuerda durante años.
¿Cuál es más fácil y cuál más exige físicamente?
Aquí es donde más se equivoca la gente al planificar, porque no todas las rutas piden el mismo esfuerzo, ni siquiera con el mismo número de kilómetros diarios. El Portugués y el Inglés tienen un perfil de dificultad media-baja: desniveles suaves, etapas más cortas y terreno que no exige demasiado incluso si no ha entrenado antes de salir de casa. El Francés se queda en un término medio, con algún puerto exigente como O Cebreiro, pero repartido entre muchas etapas más llevaderas.
El Primitivo es otra historia. Atraviesa la montaña de Lugo y Asturias con subidas largas y tramos donde no hay pueblo ni para reponer agua durante varias horas, así que conviene llegar con algo de forma física o, al menos, con la cabeza preparada para un Camino más duro que los demás. El Camino del Norte, pegado a la costa cantábrica, tampoco es sencillo: suma desnivel constante y etapas más largas de lo que sugiere el mapa, aunque compensa con algunas de las vistas al mar más bonitas de todo el recorrido a Santiago.
No es solo cuestión de piernas. El calzado que sirve en el Francés, con caminos anchos y bien pisados, se queda corto en el Primitivo, donde el terreno pide botas con más agarre y algo de experiencia caminando por monte. Antes de decidirse por una ruta exigente conviene ser sincero con el estado físico real, no con el que uno recuerda de hace unos años.
¿Cuál tiene menos gente si lo que busca es tranquilidad?
El Francés, sobre todo en los últimos cien kilómetros desde Sarria y en los meses de verano, es el que más peregrinos concentra, y eso se nota en los albergues, en los bares de cada pueblo y hasta en la cola para sellar la credencial. Si busca ir más tranquilo sin renunciar a hacer el Camino, el Primitivo y el Norte son las rutas donde menos gente se va a cruzar por etapa, precisamente porque exigen más y eso filtra a quien se anima a recorrerlas.
El Inglés, al ser tan corto, también tiene menos densidad de peregrinos que el Francés, aunque en los últimos años ha ido ganando popularidad entre quienes disponen de pocos días de vacaciones. El Portugués se sitúa en un punto intermedio: menos masificado que el Francés, pero con suficiente movimiento como para no sentirse solo en ningún tramo.
¿Cuál es la más bonita en paisaje?
Esta es la pregunta más difícil de responder de forma objetiva, porque depende de qué tipo de paisaje busque. Si prefiere montaña y bosque gallego, el Primitivo y buena parte del Francés a su paso por O Cebreiro y Galicia le van a gustar especialmente. Si lo suyo es el mar, el Norte recorre acantilados y playas del Cantábrico que no tiene ninguna otra ruta, aunque a cambio de etapas más duras.
El Portugués combina viñedos, ríos y algún tramo de costa si se elige la variante por Vigo, y suele sorprender a quien lo hace pensando que sería un Camino «de paso» antes de llegar a Galicia. El Inglés, aunque más corto, atraviesa zonas rurales tranquilas de Galicia poco transitadas por el resto de rutas, con un aire distinto al bullicio del tramo final del Francés.
¿Cuántos días necesita según la ruta que elija?
Aquí es donde conviene ser realista con el tiempo disponible antes de fijar nada. El Francés completo, desde Saint-Jean-Pied-de-Port, ronda el mes de camino, pero se puede recortar a una semana o diez días haciendo solo el tramo final desde Sarria. El Portugués desde Tui se hace en torno a cinco o seis días, y desde Oporto puede alargarse hasta dos semanas si quiere disfrutarlo sin prisa.
El Inglés es el más corto de todos: entre cinco y siete días desde Ferrol son suficientes para completarlo, lo que lo convierte en la opción preferida de quien solo tiene una semana de vacaciones. El Primitivo, desde Oviedo, suele necesitar entre diez y quince días según el ritmo de cada uno, y el Norte, al ser el más largo y exigente, puede llevarle bastante más si quiere hacerlo entero en lugar de por tramos.
¿Cómo le ayudamos en Santiaguea a elegir su ruta?
No hace falta que llegue con la decisión tomada. Nos cuenta cuántos días tiene libres, qué nivel físico tiene y qué busca en este Camino en concreto, y a partir de ahí le proponemos la ruta y el tramo que mejor encajan, con el alojamiento y el transporte de mochila ya organizados desde la primera etapa.
Muchos peregrinos combinan además más de una ruta a lo largo de los años: empiezan con el Francés porque es el más conocido, y vuelven después a por el Primitivo o el Norte cuando ya conocen cómo funciona el Camino y buscan algo más exigente. Otros hacen justo lo contrario: reservan una ruta corta y tranquila para probar si el Camino es lo suyo, y solo si repiten se atreven con etapas más largas al año siguiente. No hay una forma correcta de empezar, solo la que mejor encaja con quien es usted ahora mismo.
Sea cual sea su punto de partida, el destino es el mismo, y a esa plaza frente a la catedral se puede llegar por caminos muy distintos. Cuéntenos cuál le atrae más y empezamos a construir el itinerario a partir de ahí.