Llega a la plaza del Obradoiro, recoge la Compostela, y entonces surge la pregunta que no esperaba tener que responder tan pronto: ¿y ahora qué? Para muchos peregrinos, terminar en Santiago se queda a medias, como si el viaje pidiera un cierre distinto al de entregar un papel en una oficina. El Camino a Finisterre existe precisamente para esa sensación, y es de las pocas rutas del Camino de Santiago que sale de la catedral en lugar de llevar hacia ella.
No es un tramo turístico añadido para alargar las vacaciones. El Camino de Santiago a Finisterre es la prolongación de una tradición jacobea mucho más antigua que la propia peregrinación cristiana: antes de que existiera Santiago como destino, ya se caminaba hasta ese cabo gallego porque se creía el punto donde terminaba el mundo conocido. Seguir hasta allí no es «hacer más Camino». Es entender de dónde viene todo esto.
En Santiaguea lo vemos cada temporada: peregrinos que llegan con la intención de parar en la catedral y, dos días después, nos escriben preguntando si todavía pueden organizar el tramo hasta el mar. La Compostela cierra el objetivo oficial del Camino, pero para bastante gente no cierra la experiencia. Ese es exactamente el hueco que ocupa este tramo.
¿Cuántos días y kilómetros son hasta Finisterre?
Desde Santiago hasta el faro de Finisterre hay algo menos de noventa kilómetros, una distancia que la mayoría de peregrinos reparte en tres jornadas. La primera etapa, hasta Negreira, es la más suave y sirve para desengrasar las piernas después del descanso en Santiago. La segunda, hasta Olveiroa, es la más larga y la que más se nota, sobre todo si el cuerpo ya venía cargando kilómetros de antes. La tercera es la que de verdad se recuerda: sale de Olveiroa y termina con el mar apareciendo poco a poco entre los pinos, hasta que se ve el cabo entero desde lo alto.
Quien prefiera hacerlo con más calma puede partirlo en cuatro etapas, y quien tenga prisa a veces lo aprieta en dos, aunque no es lo habitual porque se pierde buena parte del sentido de este tramo, que es precisamente caminar despacio hacia un final que ya no tiene ninguna prisa detrás.
El desnivel, en cualquier caso, es mucho más suave que en la mayoría de rutas hacia Santiago. No hay puertos de montaña ni jornadas con miles de metros de subida: son caminos rurales, pistas forestales y algún tramo de asfalto tranquilo, así que después de haber llegado hasta Santiago con las piernas cargadas, este tramo se agradece precisamente por lo poco que exige en comparación.
¿Se puede llegar también hasta Muxía, o hay que elegir?
No hace falta elegir entre las dos. De hecho, la combinación Finisterre-Muxía es una de las formas más habituales de cerrar el Camino, encadenando ambos destinos con una caminata de un día entre cabo y cabo a lo largo de la costa. Quien hace las dos localidades suele necesitar entre cuatro y cinco días desde Santiago en total, dependiendo del ritmo y de si empieza por Finisterre o por Muxía primero.
Cada final tiene su propio carácter. Finisterre es más conocido y concentra más peregrinos, con ese momento fotografiado mil veces del faro sobre el acantilado. Muxía es más recogido, con la ermita de la Virxe da Barca asomada casi al agua y un ambiente donde es más fácil sentirse a solas con el mar después de tantos días rodeado de otros caminantes.
Si solo puede elegir uno, la decisión suele depender de qué busca en ese último tramo. Quien quiere el gesto más simbólico, el del kilómetro 0 y la puesta de sol desde el faro, se queda con Finisterre. Quien busca algo más tranquilo, con menos gente y una parada final casi contemplativa, prefiere Muxía. Y quién puede permitirse el día extra, casi siempre acaba haciendo las dos, porque el tramo entre ambos cabos, con el mar acompañando buena parte del camino, es de los más bonitos de toda la experiencia.
¿Hay que sacar otra credencial para este tramo, o sirve la misma?
La credencial es la misma, y se sigue sellando en los albergues y bares del camino igual que hasta Santiago. Lo que cambia es el documento final: en Finisterre y en Muxía no se entrega la Compostela, sino la Fisterrana y la Muxiana, dos certificados propios de estas rutas que se recogen en las oficinas de turismo de cada localidad al llegar.
Muchos peregrinos ni siquiera saben que existen hasta que llegan al mostrador y se lo explican, así que conviene guardar bien la credencial sellada durante todo el tramo, aunque ya haya cumplido su función principal en Santiago.
¿Qué se hace al llegar al faro de Finisterre?
El faro marca lo que durante siglos se consideró el kilómetro 0, el punto donde terminaba la tierra conocida antes de que nadie hubiera cruzado el Atlántico. Sentarse en las rocas de debajo a ver la puesta de sol es, para muchos, el cierre real del Camino, más incluso que la llegada a la catedral.
Durante años existió la costumbre de quemar la ropa o el calzado usado durante la peregrinación como gesto simbólico de dejar atrás lo viejo. Hoy esa práctica está desaconsejada y en muchos puntos directamente prohibida por el riesgo de incendio en una zona de monte, así que si busca un gesto de cierre, mejor guardar esa prenda como recuerdo que arriesgarse a una multa o, peor, a provocar un fuego en un entorno protegido.
¿Cómo organiza Santiaguea este tramo final?
Si ya ha reservado su Camino con nosotros, añadir Finisterre, Muxía o ambos es tan sencillo como decírnoslo antes de salir: le dejamos el alojamiento de estas etapas cerrado igual que el resto del itinerario, sin que tenga que gestionar nada aparte al llegar a Santiago. Y si solo quiere este tramo porque ya hizo el Camino principal en otro viaje, también se lo organizamos igual, empezando directamente desde Santiago.
Es, de todos los tramos que ofrecemos, el que más peregrinos deciden añadir casi en el último momento, ya con la Compostela en la mano y las ganas de seguir un poco más. Por eso solemos recomendar, si existe la posibilidad, dejarlo apalabrado desde antes de salir de casa: en temporada alta el alojamiento de estas etapas también se llena, aunque menos que en el tramo final del Francés, y así no depende de encontrar sitio libre con la decisión tomada de un día para otro.
Si le pasa lo mismo cuando llegue a Santiago y todavía no lo tiene decidido, dígalo de todas formas. Todavía está a tiempo de ver el mar.